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Ocultismo Lectura: 7 min

El Heptamerón de Pedro de Abano: los conjuros de los siete días que pasaron al Lemegeton

El Heptamerón, o Elementos mágicos, atribuido al médico medieval Pedro de Abano e impreso en 1559 junto al falso Cuarto Libro de Agrippa, es el manual de los siete días del que salieron el círculo y los conjuros del Lemegeton y del Grimorium Verum. Qué es y qué contiene.

Heptamerón Grimorios Ocultismo

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Quien abre la Ars Goetia o el Grimorium Verum y lee cómo se traza el círculo, cómo se viste el operador o con qué nombres se conjura el aire rara vez sabe que esas páginas vienen de otro libro más breve y más viejo: el Heptamerón, o Elementos mágicos, atribuido al médico y filósofo paduano Pedro de Abano. Impreso en latín a mediados del siglo XVI como apéndice del falso Cuarto Libro de Filosofía Oculta de Agrippa, este manual de los siete días de la semana es la bisagra entre la nigromancia medieval y los grimorios modernos. Este artículo explica quién fue Pedro de Abano, de dónde salió realmente el texto, cómo funciona su sistema y por qué sigue importando.

Qué es el Heptamerón y quién fue Pedro de Abano

Pedro de Abano —Pietro d’Abano, nacido hacia 1250 y muerto hacia 1316— fue profesor de medicina, filosofía y astrología en París y en Padua, traductor de Abraham ibn Ezra y autor del Conciliator (1303) y del Lucidator, donde aparece una de las referencias más tempranas a la Clavícula de Salomón. Su fama de astrólogo y el hecho de haber tenido roces con la Inquisición hicieron que, tras su muerte, su nombre se convirtiera en imán para tratados de magia ritual que él no escribió.

El Heptamerón —del griego siete días— es el más célebre de esos textos pseudoepigráficos. Ya en 1508 el abad Johannes Trithemius mencionaba en su Antipalus maleficiorum un libro atribuido a Pedro de Abano, el Elucidarium necromantiae, que enseñaba a conjurar demonios según los años, meses, días y horas. Esa versión más antigua sobrevive en manuscritos del siglo XVI como el Vaticano Reg. lat. 1115 y el de Gante 1021A. Hacia 1559 y 1565 el texto se reorganizó por días de la semana y se imprimió bajo el título de Heptameron, seu Elementa magica, acompañado del Cuarto Libro atribuido a Agrippa; en 1581 ya estaba en el Índice de libros prohibidos, y en 1655 Robert Turner lo tradujo al inglés.

De dónde sale: el Manual de Múnich, Honorio y la Clavícula

El cotejo de los manuscritos hecho por historiadores como Julien Véronèse y editores como Joseph H. Peterson demostró que el Heptamerón no nació de la nada: es el montaje ordenado de varias fuentes medievales. De la Clavícula de Salomón toma las bendiciones del agua, del fuego y de los sahumerios, la preparación del operador y el círculo de nueve pies. Del Libro Jurado de Honorio y de los tratados derivados del Sefer Raziel toma los ángeles de las estaciones, los nombres secretos del Sol, de la Luna y de la Tierra en primavera, verano, otoño e invierno, y las señales de aparición.

Su núcleo operativo, sin embargo, coincide casi palabra por palabra con la sección 37 del llamado Manual de nigromancia de Múnich (el manuscrito Clm 849 del siglo XV): las veinticuatro horas del día y de la noche con sus nombres —Yayn para la primera hora del día, Beron para la primera de la noche—, los siete ángeles planetarios, los siete reyes del aire y un conjuro para cada día de la semana. El editor del impreso de 1559 pulió el vocabulario: donde el Libro Jurado y el manual medieval hablaban de daemones o reyes de los demonios del aire, el Heptamerón impreso los llamó ángeles del aire, aunque el propio conjuro los delata al recordar que fueron arrojados del cielo por su culpa.

El círculo móvil y los siete reyes del aire

La gran aportación técnica del Heptamerón es su círculo: no es una figura fija que se copia igual todo el año, sino un reloj ritual que cambia según el momento exacto de la operación. Se trazan tres círculos concéntricos de nueve pies de diámetro, separados por un palmo. En la franja central se escriben nueve datos variables: el nombre de la hora, el ángel de la hora, su sello, el ángel del día y sus ministros, el nombre de la estación —Talvi en primavera, Casmaran en verano, Ardarael en otoño, Farlas en invierno—, los demonios de la estación, el jefe del signo, el nombre de la Tierra y los nombres del Sol y de la Luna para esa estación. En el anillo exterior van los cuatro pentágonos y el rey del aire de ese día con sus tres ministros; en el interior, cuatro nombres divinos separados por cruces y el Alfa y la Omega.

Cada día de la semana junta dos jerarquías: un arcángel planetario y un rey del aire con sus ministros. El domingo rige Miguel y en el aire el rey Varcan; el lunes, Gabriel y el rey Arcan; el martes, Samael y el rey Samax; el miércoles, Rafael y el rey Modiat; el jueves, Sachiel y el rey Guth; el viernes, Anael y el rey Sarabotes; el sábado, Cassiel y el rey Maymon. El operador, vestido de lino blanco y con el pentáculo en el pecho, recita primero el exorcismo de los demonios del aire hacia los cuatro vientos y luego la conjuración propia del día.

Qué tomaron de él la Goetia y el Grimorium Verum

Sin el Heptamerón no se entiende la segunda mitad de la Ars Goetia. Cuando el compilador inglés del Lemegeton armó las instrucciones rituales que siguen a los setenta y dos demonios, copió de la traducción inglesa de Turner de 1655 las oraciones al vestir la túnica, el diseño del pentáculo de Salomón que se lleva en el pecho y la lógica de inscribir en el círculo los nombres de la estación, del día y de la hora. Incluso varios de los reyes del aire del Heptamerón —como Maymon o Amaymon— se cruzan con los cuatro reyes cardinales a los que la Goetia somete a demonios como Asmodeo, Paimon o Belial.

Su huella es igual de clara en los grimorios continentales. El Grimorium Verum, el Petit Albert, el Manuscrito de Folger y la versión hebrea de la Llave de Salomón (Mafteah Shelomoh) incorporaron sus tablas de las horas, sus sahumerios por día y sus conjuros. Fue, durante tres siglos, la gramática común: el libro pequeño que enseñaba cómo armar el tiempo y el espacio antes de abrir un catálogo de nombres.

Cómo se lee hoy en el sendero oscuro

El Heptamerón no es un libro de devoción angelical aunque la imprenta del siglo XVI lo disfrazara con ese nombre: es un tratado de precisión temporal. Su idea central —mutato tempore mutant et nomina, al cambiar el tiempo cambian los nombres— enseña que un rito no ocurre en abstracto, sino en una hora, una estación y una dirección concretas. Frente a la chapuza moderna de improvisar cualquier noche con cualquier vela, el texto atribuido a Pedro de Abano obliga a mirar el reloj, el cielo y el suelo antes de pronunciar una sola palabra.

En el sendero oscuro esa lección vale tanto para quien estudia los grimorios clásicos como para quien trabaja hacia dentro. El círculo que inscribe la hora y la estación es la imagen externa de un operador que sabe exactamente dónde está parado y qué reclama. La La Guía Definitiva del Demonio Interior — Edición Grimorio Completa aplica ese mismo rigor al trabajo con el demonio interior: fijar nombre, sigilo, enn y tiempo propio para que ningún llamado se haga en el vacío.

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