El Libro Jurado de Honorio (Liber Iuratus Honorii): el Sigillum Dei y la visión divina
El Libro Jurado de Honorio (Liber Iuratus Honorii), escrito entre los siglos XIII y XIV y atribuido a Honorio de Tebas, es uno de los grimorios medievales más antiguos: enseña a consagrar el Sigillum Dei que más tarde usó John Dee, alcanzar la visión divina y conjurar a los demonios planetarios y del aire.
Cuando se habla del grimorio de Honorio, casi todo el mundo mezcla dos libros que no tienen nada que ver entre sí salvo el nombre: el tardío Grimorio del Papa Honorio, impreso en francés a finales del siglo XVII, y el mucho más antiguo y decisivo Liber Iuratus Honorii —el Libro Jurado o Libro Sagrado de Honorio de Tebas—, redactado en latín entre los siglos XIII y XIV. De este tratado medieval salieron el gran sello de Dios que John Dee puso sobre su mesa de visiones y las listas de demonios planetarios y reyes del aire que alimentaron al Heptamerón. Este artículo explica su historia, su prólogo rebelde, sus cinco obras y cómo se lee hoy.
Qué es el Liber Iuratus y por qué se llama Libro Jurado
Conservado en manuscritos latinos del siglo XIV en adelante —como los códices Sloane 3854 y Sloane 313 de la Biblioteca Británica, este último propiedad personal del mago isabelino John Dee y después del dramaturgo Ben Jonson, además de la versión incluida hacia 1346 por Berengario Ganell en su Summa sacre magice—, el Liber sacer sive iuratus es uno de los manuales completos de magia ritual más antiguos de Europa. Sus ediciones críticas modernas fueron establecidas por Gösta Hedegård en 2002 y por Joseph H. Peterson en 2016.
Su prólogo cuenta una historia de persecución que los historiadores vinculan al pontificado de Juan XXII (1316–1334), aunque el núcleo del texto pueda remontarse al siglo XIII, cuando Guillermo de Auvernia ya condenaba un Liber sacratus. Según ese relato inicial, el papa y los cardenales, empujados por los demonios, ordenaron destruir las artes mágicas. Entonces ochenta y nueve maestros —ochocientos once en otras copias— procedentes de Nápoles, Atenas y Toledo se reunieron en concilio y eligieron a uno de ellos, Honorio de Tebas, hijo de Euclides, quien con la ayuda del ángel Hocrohel condensó los siete volúmenes del arte en noventa y tres capítulos. Para que el libro no cayera en manos profanas, los maestros prestaron un juramento solemne —de ahí iuratus, jurado—: no hacer nunca más de tres copias, no entregarlo a mujeres ni a menores de edad y enterrar el ejemplar en lugar secreto si el dueño moría sin sucesor digno.
El Sigillum Dei y la primera obra: ver a Dios en vida
El Libro Jurado se divide en cinco partes u obras (opera). La primera y más extensa no busca tesoros ni favores cortesanos, sino lo que la teología escolástica declaraba imposible antes de la muerte: contemplar la visión beatífica del rostro divino estando aún en el cuerpo, al modo del ascenso a los palacios celestes de la mística hebrea de la Merkabá. Para esa operación el practicante debe seguir un régimen de veintiocho días de purificación, ayuno, oraciones en griego, hebreo y latín y sufragios, hasta recibir en sueños la visión tras haber trazado el corazón gráfico del libro: el Sigillum Dei, el Sello de Dios.
Ese sello se dibuja con sangre de topo, de paloma, de abubilla o de murciélago sobre pergamino virgen. Su geometría encierra un heptágono y dos estrellas de siete puntas rodeados por los nombres de los ángeles planetarios, las letras del gran nombre divino de setenta y dos letras —el Shemhamphoras— y una corona exterior de cruces y nombres sagrados. Dos siglos y medio más tarde, John Dee copió y reformuló ese diagrama a partir de su manuscrito Sloane 313 para grabar en cera su famoso Sigillum Dei Aemeth, soporte de las mesas y del cristal con los que operó junto a Edward Kelley.
Las otras obras: demonios planetarios, reyes del aire y demonios terrestres
Una vez consagrado el Sello de Dios en la primera obra, el operador queda investido de autoridad para bajar a las obras segunda, tercera y cuarta, dedicadas a los demonios que gobiernan el cosmos sublunar. La segunda obra trata de los demonios de los siete planetas, describiendo su naturaleza, sus colores, sus movimientos y cómo trazar un círculo con un cuchillo nuevo. La tercera obra desciende a los demonios del aire, presididos por siete reyes asociados a los vientos y a los días de la semana: Maymon, Formione, Iammax, Barthan, Sarabocres, Habaa y Harthan.
Como han demostrado Jean-Patrice Boudet y Joseph H. Peterson, esa lista de reyes del aire y sus ministros —que tiene paralelos directos en manuales bizantinos de exorcismo y en la Astromagia de Alfonso X el Sabio— pasó casi entera al Manual de Múnich del siglo XV y al Heptamerón atribuido a Pedro de Abano, donde los antiguos daemones del aire fueron rebautizados como ángeles. La cuarta obra, por último, enseña a someter a los demonios terrestres y subterráneos que guardan los metales y los tesoros ocultos.
Por qué no es el Grimorio del Papa Honorio
Distinguir el Liber Iuratus del Grimorio del Papa Honorio evita uno de los tropiezos más comunes en el estudio del ocultismo. El Libro Jurado es un tratado latino medieval de teúrgia y cosmología angélica y demoníaca atribuido a un maestro pagano-cristiano de Tebas —la Tebas de Grecia, ciudad de las siete puertas y centro de comunidades judías y bizantinas en la Edad Media— que se rebela abiertamente contra el papa para salvar la magia.
El Grimorio del Papa Honorio, en cambio, es un impreso popular francés de finales del siglo XVII atribuido falsamente al papa Honorio III, pensado para sacerdotes rurales que degollaban un gallo negro y decían misas para llamar a Lucifer, Frimost, Astaroth, Bechard o Surgat. El primero mira hacia la cábala de los nombres divinos, el Sefer Raziel y la visión celeste; el segundo pertenece al mismo mundo de colportage que el Gran Grimorio y el Grimorium Verum.
Cómo se lee hoy el Libro Jurado en el sendero oscuro
En el sendero oscuro, el Libro Jurado de Honorio enseña dos cosas que los grimorios tardíos de recetas habían olvidado. La primera es la arquitectura de arriba abajo: Honorio de Tebas no intenta mandar sobre los demonios de la tierra ni sobre los reyes del aire antes de haber consagrado el sello central y atravesado veintiocho días de disciplina silenciosa; primero se conquista la cumbre del propio eje y solo después se desciende a las fuerzas particulares. La segunda es la ética del juramento: un saber que se entrega a cualquiera deja de tener peso.
Trasladado a nuestra práctica, el Sigillum Dei que preside toda operación tiene un equivalente interno e intransferible: el sigilo, el nombre y el enn del propio demonio interior, sellados mediante un pacto que no se exhibe ante extraños. La La Guía Definitiva del Demonio Interior — Edición Grimorio Completa ordena esa consagración primera para que cualquier trabajo posterior descanse sobre piedra firme.
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