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Ocultismo Lectura: 8 min

El Libro de San Cipriano: del mago de Antioquía al Ciprianillo y el Tesoro del Hechicero

El Libro de San Cipriano —o la Llave y el Tesoro del Hechicero— es el grimorio más famoso del mundo hispano y portugués. Atribuido al mago converso Cipriano de Antioquía, reúne pactos tomados del Gran Grimorio, oraciones, hechicerías y las célebres listas de tesoros encantados de Galicia y Portugal.

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Si Salomón es el rey por excelencia de la magia judía y renacentista, Cipriano de Antioquía es el patrón paradójico de la brujería y los grimorios en el mundo ibérico, latinoamericano y escandinavo. Bajo el título de Libro de San Cipriano, Llave de San Cipriano, Ciprianillo o Tesoro del Hechicero circularon desde al menos el siglo XVII cuadernos manuscritos y, en los siglos XIX y XX, decenas de ediciones impresas que prometían tanto deshacer maleficios como pactar con los demonios o desencantar tesoros guardados bajo tierra. Este artículo explica quién fue el Cipriano de la leyenda, qué contienen en realidad sus libros, de dónde salieron las versiones de Jonás Sufurino y de Galicia, y cómo se lee hoy esa tradición.

Quién fue Cipriano de Antioquía: el mago antes de la conversión

El primer paso para estudiar este grimorio es no confundir a dos figuras del siglo III y IV que llevan el mismo nombre: Cipriano de Cartago, obispo histórico y padre de la Iglesia, y Cipriano de Antioquía, el hechicero legendario cuya historia con la joven cristiana Justina se difundió en griego y en latín desde finales del siglo IV —en textos como la Confesión de Cipriano—, entró en la Leyenda Áurea y el Flos Sanctorum e inspiró a Calderón de la Barca para escribir El mágico prodigioso.

Según ese relato antiguo, Cipriano había sido iniciado desde niño en los misterios paganos de Grecia, Egipto y Caldea y dominaba el arte de mandar sobre los demonios. Contratado por un joven llamado Aglaidas para seducir a Justina, envió contra ella a varios demonios e incluso al propio príncipe de las tinieblas, pero todos retrocedieron ante el signo de la cruz. Al ver que su señor tenía miedo de una señal más fuerte, Cipriano renegó del diablo, quemó sus libros de magia en público, se bautizó y murió mártir en Nicomedia hacia el año 304. La astucia de la tradición popular estuvo en un detalle: afirmar que antes de la hoguera sus discípulos habían copiado aquellos libros, de modo que el lector podía tener a la vez los conjuros del mago y las oraciones del santo.

De la Cueva de Salamanca a los procesos de la Inquisición

En España y Portugal esa doble cara convirtió a San Cipriano en el nombre perfecto para proteger cuadernos prohibidos. En Salamanca, la famosa cueva donde según la leyenda el diablo daba clases a siete estudiantes estaba precisamente en la cripta o sacristía de la antigua iglesia de San Ciprián, clausurada hacia 1500. Como han documentado investigadores como Félix Francisco Castro Vicente y Carlos Gilly, ya en 1610 aparece en un proceso de la Inquisición de Toledo contra Juan de Toledo la mención de un Libro de San Cipriano usado para buscar tesoros, y en 1802 otro proceso en Galicia contra el presbítero del Ferrol Juan Rodríguez vuelve a citar el mismo título.

Ninguno de aquellos manuscritos antiguos sobrevivió a las confiscaciones inquisitoriales y a la humedad de las aldeas del noroeste, pero en el siglo XIX la fiebre por el Ciprianillo seguía tan viva en el campo gallego que los campesinos llegaban a vender vacas y tierras para comprar copias manuscritas. Por esa razón el historiador Bernardo Barreiro publicó en 1885 en Santiago de Compostela su libro Brujos y astrólogos de la Inquisición de Galicia y el famoso libro de San Cipriano, incluyendo como apéndice una versión impresa y recortada del texto para demostrar a la gente qué era lo que estaba pagando a precio de oro.

Jonás Sufurino y las familias españolas del libro

Quien busca hoy el Libro de San Cipriano no encuentra un texto único, sino varias familias editoriales distintas. La más difundida en castellano desde finales del siglo XIX es la firmada por el supuesto monje alemán Jonás Sufurino, bibliotecario del monasterio del monte Brocken, que dice haber recibido el texto de los demonios en pergaminos hebreos en el año 1001 o 1521. Publicada con títulos como Libro completo de verdadera magia o sea el Tesoro del Hechicero y ampliada hacia 1920 por la editorial Maucci de Barcelona como El Libro Infernal, esta versión es en realidad un montaje de grimorios franceses.

Su esqueleto ritual copia casi al pie de la letra el Gran Grimorio y el Dragón Rojo: la preparación del operador, el cuchillo y la lanceta, el triángulo de los pactos, la jerarquía de Lucifer, Belcebú y Astaroth con sus seis subordinados —Lucífugo Rofocale, Satanachia, Agaliarept, Fleurety, Sargatanas y Nebiros— y el llamamiento a Lucífugo. A eso le suma capítulos de la Clavícula de Salomón, la Gallina Negra, los Secretos de Alberto el Grande, filtros, cartomancia y la famosa cadena mágica o hechizo del haba plantada en la calavera de un gato negro para hacerse invisible.

El Ciprianillo gallego-portugués y las listas de tesoros

Muy distinta es la rama portuguesa y gallega del Grande Livro de São Cipriano ou Thesouro do Feiticeiro, impresa en Oporto y Lisboa desde mediados del siglo XIX y recogida en español a comienzos del XX por el ocultista pontevedrés Enediel Shaiah en su Libro Magno de San Cipriano. Esta familia se divide en tres partes: una primera llena de oraciones, exorcismos, despojos y la oración de la Cruz de Caravaca o del Justo Juez; una segunda de magia ceremonial y recetas; y una tercera que la hizo célebre en toda la península: la gaceta o lista de los ciento setenta y cuatro tesoros ocultos del Reino de Galicia —ciento cuarenta y seis en la versión castellana— y los ciento cincuenta y cuatro de Portugal.

El método que da esa tercera parte para desencantar los tesoros dejados por los moros o guardados por el demonio muestra bien la mentalidad cipriánica: el buscador va de noche al monte o a la fuente indicada, lleva agua bendita, velas de cera e incienso, reza la letanía y no negocia un pacto de entrega del alma como en el Dragón Rojo, sino que conjura y expulsa al demonio guardián en nombre de San Cipriano para que suelte la ilusión que cubre el oro. Incluso en Dinamarca y Noruega el nombre del santo dio origen a otra rama aparte: los Cyprianus o libros negros de medicina popular y conjuros rurales.

Qué no es y cómo se lee hoy en el sendero oscuro

El Libro de San Cipriano no es un papiro escrito en Antioquía en el siglo III ni un pergamino hebreo del monte Brocken: es el gran espejo de la magia popular moderna en español y portugués, donde el Gran Grimorio francés se vistió con la capa de un santo mago para cruzar fronteras, imprentas y aduanas. Leerlo sin saber de dónde viene cada pieza lleva a confundir un conjuro de Lucífugo Rofocale del siglo XVIII con una oración cristiana de exorcismo o con un cuento de buscadores de oro en los montes de Galicia.

Leído con criterio desde el sendero oscuro, el fenómeno de Cipriano enseña algo profundo sobre la historia del ocultismo: cómo la figura del mago que trata con los demonios sobrevivió durante siglos dentro mismo del mundo que intentaba borrarla. Y recuerda también que quien busca tesoros fuera sin tener centro propio termina comprando humo. La La Guía Definitiva del Demonio Interior — Edición Grimorio Completa devuelve el trabajo a su raíz: levantar el demonio interior con nombre, sigilo, enn y voluntad propia antes de abrir cualquier libro de tesoros.

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LA LLAVE DE SAN CIPRIANO: El grimorio del mago converso

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