La licencia de partida: cómo se cierra un rito y por qué nunca se omite
Todo rito que abre una puerta debe cerrarla. La licencia de partida es la fórmula con que la Goetia despide al demonio, y la demonolatría tiene su propia despedida. Qué dicen los textos, cómo se cierra un rito y por qué el cierre nunca se omite.
En los artículos de este blog sobre cada demonio se repite una frase: el cierre es obligado. Este artículo explica por qué. Todo rito que abre una puerta debe cerrarla, y los textos lo dicen con una precisión que pocos leen: la Goetia tiene una fórmula para despedir al demonio, la licencia de partida, y una orden sobre lo que el operador hace después; la demonolatría moderna tiene su propia despedida, más breve y cortés. Aquí está lo que dicen los textos, cómo se cierra un rito en las dos tradiciones y qué significa el cierre en el sendero oscuro.
Qué es la licencia de partida
En la Goetia, el demonio no se va cuando quiere. La bienvenida que el exorcista le dirige cuando aparece ya lo deja dicho: lo ata a permanecer afable y visible ante el círculo, y a no partir sin su licencia hasta haber cumplido fiel y verdaderamente su voluntad. La licencia de partida es la otra mitad de ese acuerdo: la fórmula con la que el operador, cumplido el trabajo, le concede permiso para irse.
El texto de la Goetia dice, en sustancia: oh tú, demonio, porque has respondido con diligencia a mis demandas y has estado dispuesto a venir a mi primera llamada, te doy licencia para partir a tu lugar propio, sin hacer daño ni peligro a hombre ni bestia; parte, digo, y está siempre dispuesto a venir a mi llamada; te mando que te retires en paz y en silencio, y que la paz de Dios continúe siempre entre tú y yo.
Lo que se hace después: no salir del círculo
La Goetia añade una instrucción que muchos olvidan: dada la licencia, el operador no debe salir del círculo hasta que los demonios se hayan ido y hasta haber dado gracias a Dios por el beneficio recibido y por haberlo librado de la malicia del enemigo. El cierre no es solo la frase: es la frase, la espera y la acción de gracias. Salir antes es dejar el rito abierto con uno mismo dentro de la grieta.
La lógica es la de toda la tradición salomónica. El círculo protege al operador mientras dura la presencia, y la licencia devuelve al demonio a su lugar. Por eso la fórmula nombra el daño que no debe hacerse —a hombre ni a bestia— y el modo de irse —en paz, en silencio—: lo que no se especifica queda librado a la voluntad del que se va.
El cierre en la demonolatría moderna
La demonolatría cierra de otra manera, porque su relación con las fuerzas es otra. S. Connolly divide el rito en tres momentos: el comienzo, en el que se invita a las fuerzas y se levanta el círculo elemental; el cuerpo, donde ocurre el trabajo de magia y de culto; y el final, en el que se despide a los demonios invitados con una fórmula cortés: te damos gracias, ve en paz. Después se apagan las velas y se recoge.
En los ritos a las fuerzas elementales la despedida se dice completa: salve, Belial, señor de la tierra, te damos gracias por haber estado presente en nuestro rito; te pedimos que vayas en paz. Y cuando se ha levantado el círculo se despide en cada punto cardinal, con la espada delante y la rodilla derecha en tierra: al norte, gracias, Belial, ve en paz; al este, Lucifer; al sur, Flereous; al oeste, Leviatán. Quien practica solo cambia el nosotros por el yo.
Por qué nunca se omite
En las dos tradiciones el cierre cumple la misma función: devolver cada cosa a su lugar. La Goetia lo hace con autoridad, mandando; la demonolatría, con cortesía, agradeciendo; pero ninguna deja la puerta abierta. Un rito sin cierre deja al operador en un estado intermedio, con la atención todavía tendida hacia lo que llamó y el espacio sin devolver a su uso ordinario. Es el error del principiante que más se paga.
Por eso cada artículo de este blog sobre un demonio termina con una imagen del rito sin cierre: el arquero que sigue disparando, el perro alado que sigue rastreando, la voz que sigue hablando en la casa. No son adornos: son la forma de recordar que lo que se abre y no se cierra queda funcionando sin dueño. Cerrar es también registrar: anotar en el cuaderno lo que pasó antes de volver a la vida corriente.
Cómo se cierra en el sendero oscuro
Un cierre completo tiene cuatro pasos, sea cual sea la tradición. Agradecer o licenciar a cada presencia por su nombre. Esperar en silencio unos momentos, sin romper el espacio, hasta que la atención se suelte. Apagar las velas y deshacer el espacio en orden inverso al que se levantó. Y anotar en el cuaderno ritual lo percibido. Lo que sigue es volver a lo ordinario: comer, caminar, hablar con alguien, devolver el cuerpo a su día.
Con el demonio interior el cierre tiene un sentido propio. La presencia propia no se despide como un demonio ajeno —no se va a ninguna parte, es tuya—, pero el umbral sí se cierra: se sale del trance, se devuelve el sigilo a su lugar y se vuelve a la vida con la presencia guardada dentro, no derramada. Abrir sin cerrar es vivir con la puerta de la casa abierta; el practicante que sabe cerrar es el que puede volver a abrir cuando quiera.
Qué es la Licencia de Partida: cómo cerrar un rito sin peligro
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