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Demonología Lectura: 8 min

Behemoth: la bestia de la tierra, de Job al demonio del vientre

Behemoth es la gran bestia de tierra del libro de Job, pareja de Leviatán, reservada para el banquete del fin de los tiempos. La demonología lo volvió demonio del vientre y fue el último en salir de la priora de Loudun. Quién es y qué enseña el coloso.

Behemoth Leviatán Demonología

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Behemoth es la bestia de la tierra: la criatura colosal que Dios muestra a Job como la primera de sus obras, la que come hierba como el buey y no se inmuta aunque el río se desborde contra su boca. La tradición judía la emparejó con Leviatán, el monstruo del mar, y la reservó para el banquete del fin de los tiempos; la demonología cristiana la convirtió en demonio del vientre y de la pesadez, y en Loudun fue el último de los siete que decían poseer a la priora. Este artículo explica quién es Behemoth, cómo pasó de bestia de Dios a demonio y qué enseña en el sendero oscuro la fuerza del coloso que duerme.

Quién es Behemoth en el libro de Job

Behemoth aparece una sola vez en la Biblia, en el discurso que Dios dirige a Job desde el torbellino. “He aquí ahora behemot, el cual hice como a ti; hierba come como buey”: su fuerza está en sus lomos y su vigor en los músculos de su vientre, mueve la cola como un cedro, sus huesos son fuertes como bronce y sus miembros, barras de hierro. “Él es el principio de los caminos de Dios”, y solo quien lo hizo puede acercarle la espada. Se echa bajo las sombras, entre las cañas del pantano, y cuando el río sale de madre no se inmuta: “tranquilo está, aunque todo un Jordán se estrelle contra su boca”.

El nombre es un plural hebreo, behemot, de behemah, bestia: un plural de grandeza que se lee en singular, como Elohim, y que viene a decir “la gran bestia”. Desde antiguo se lo identificó con el hipopótamo —en ruso, begemot sigue siendo el nombre de ese animal— o con el elefante, pero el texto no describe un animal de zoológico: describe una criatura primordial que solo su creador puede dominar, la fuerza bruta de la tierra puesta frente al hombre para que mida su tamaño.

Behemoth y Leviatán: la tierra y el mar

En Job, Behemoth anuncia a Leviatán, que llega en el capítulo siguiente, y la tradición judía no volvió a separarlos. El libro de Enoc cuenta que dos monstruos fueron apartados: Leviatán, hembra, en los abismos del océano sobre las fuentes de las aguas; Behemoth, macho, que ocupa con su pecho un desierto llamado Duidain, al oriente del jardín. El cuarto libro de Esdras añade que el mar no podía contener a los dos y que a Behemoth se le dio la tierra seca, donde están los mil montes.

El final de la pareja es un banquete. El segundo libro de Baruc anuncia que Behemoth saldrá de su lugar y Leviatán del mar para servir de alimento a los que queden en los días del Mesías, y las leyendas rabínicas cuentan que los dos lucharán al final de los tiempos, que Dios los abatirá y que los justos comerán su carne bajo tiendas hechas con la piel de Leviatán. Otra leyenda dice que Behemoth ruge una vez al año, en el solsticio de verano, y que su rugido amansa a las fieras: la bestia que nadie domina es la que mantiene a raya a las demás.

De bestia de Dios a demonio

La lectura cristiana lo volvió enemigo. Gregorio Magno, en sus Moralia sobre Job, leyó en Behemoth la figura del antiguo enemigo, el diablo, y Johann Weyer, que no lo incluye en su inventario de la monarquía infernal, escribe que Behemoth, o el elefante, podría ser el propio Satanás, llamado así por la vastedad de su poder. Jean Bodin lo identificó con el faraón que persiguió a los hebreos, y Pierre de Lancre dijo que se le tomaba por animal porque adopta la forma de todas las grandes bestias: perro, elefante, zorro, lobo.

Collin de Plancy lo fijó en su Diccionario infernal como demonio pesado y torpe pese a sus dignidades, con la fuerza en los riñones y el dominio sobre la gula y los placeres del vientre; algunos demonógrafos, añade, lo hacen sumiller y gran copero del infierno. El grabado de Louis Le Breton para la edición de 1863 le dio la imagen que todavía circula: un cuerpo de vientre enorme con cabeza de elefante, de pie como un hombre.

Behemoth en Loudun y lo que no es

En la posesión de las ursulinas de Loudun, que estalló en 1632, la priora Juana de los Ángeles dijo estar habitada por siete demonios: Asmodeo, Leviatán, Behemoth, Isacaaron, Balam, Gresil y Amán. En su autobiografía, Behemoth encarna la pereza, y fue el que más resistió: dijo que solo saldría cuando la priora visitara la tumba de Francisco de Sales en Annecy. Su salida se dio por cumplida el 15 de octubre de 1637, cuando en la mano de Juana aparecieron escritos los nombres de Jesús y de Francisco de Sales; la peregrinación se hizo al año siguiente.

Behemoth no es un demonio de la Goetia ni tiene sello en el Lemegeton: su linaje es bíblico y rabínico, no salomónico. No es Leviatán, aunque vayan juntos: uno es la tierra y el peso; el otro, el mar y el caos. No es el gato que habla en El maestro y Margarita de Bulgákov, que tomó su nombre, ni la banda polaca de black metal. Y no es solo una metáfora política, aunque Thomas Hobbes titulara Behemoth su obra sobre la guerra civil inglesa, compañera de su Leviatán: si el Leviatán era el poder que impone orden, Behemoth era la rebelión que lo deshace.

Cómo se lee Behemoth en el sendero oscuro

Behemoth es la fuerza de la masa: el poder que no corre ni ataca, que simplemente está, y que por estar no se mueve cuando todo se desborda. Su fuerza está en los lomos y en el vientre, en el cuerpo, no en la palabra; por eso la demonología lo volvió demonio de la gula y de la pereza, que son las formas degradadas de esa misma fuerza: el apetito sin dirección y el peso sin propósito. El coloso dormido y el coloso despierto son la misma bestia; lo que cambia es quién lo gobierna.

En el trabajo con el demonio interior, Behemoth enseña que la presencia necesita cuerpo. Un daemon propio sin base física —sin respiración, sin postura, sin la quietud del que no se inmuta— se queda en idea. Despertar al coloso no es desatar el apetito: es poner la fuerza de la tierra al servicio de la voluntad, aprender a estar quieto mientras el río se desborda, comer y descansar como quien alimenta un arma y no como quien se abandona. Quien gobierna su propio Behemoth ya no teme al peso: lo usa.

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BEHEMOTH: El despertar del coloso

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