Berith: el duque rojo de la Goetia que convierte los metales en oro
Berith es el vigesimoctavo demonio de la Goetia: un duque vestido de rojo sobre un caballo rojo, con corona de oro, que convierte los metales en oro, da dignidades y responde sobre el tiempo, pero del que el texto dice que es un gran mentiroso. Quién es y qué enseña.
Berith es el vigesimoctavo demonio de la Ars Goetia, un duque poderoso, grande y terrible. Aparece como un soldado vestido de rojo, montado en un caballo rojo, con una corona de oro en la cabeza; convierte todos los metales en oro, da dignidades y las confirma, habla con voz muy clara y sutil y responde sobre el pasado, el presente y el porvenir. El grimorio añade una advertencia que pocos demonios llevan: es un gran mentiroso y no hay que fiarse mucho de él. Este artículo explica quién es, de dónde viene su nombre, qué no es y cómo se le trata.
Quién es Berith en la Goetia
El Lemegeton lo nombra como el demonio vigesimoctavo en el orden en que Salomón los ató: un duque poderoso, grande y terrible, al que los hombres de tiempos posteriores dieron otros dos nombres, Beal y Bolfry. Aparece como un soldado vestido de rojo, montado en un caballo rojo y con corona de oro; da respuestas verdaderas sobre el pasado, el presente y el porvenir, convierte todos los metales en oro, da dignidades y las confirma, y habla con voz muy clara y sutil. Gobierna veintiséis legiones.
Para llamarlo, el texto exige el mismo anillo que con Beleth: un anillo de plata en el dedo medio de la mano izquierda, sostenido ante el rostro. Y advierte sin rodeos que es un gran mentiroso y que no hay que fiarse mucho de él. Weyer lo había recogido antes, en el puesto veintisiete de su Pseudomonarchia. Como duque, su sello se graba en cobre y se le trata del amanecer al mediodía, con tiempo despejado.
Baal-berit: el señor de la alianza
El nombre es antiguo. El libro de los Jueces cuenta que, muerto Gedeón, los israelitas “escogieron por dios a Baal-berit”, y sitúa su templo en Siquem; el nombre significa “señor de la alianza”. Collin de Plancy lo recuerda en su Diccionario infernal: Berith era el ídolo de los siquemitas. De dios cananeo a duque del infierno: el mismo camino que recorrieron Baal, Astaroth y tantos otros nombres de los pueblos vecinos de Israel.
Collin de Plancy añade lo que la tradición hizo de él: unos lo llaman Béal, los judíos Bérith y los nigromantes Bolfri; se le domina por la virtud de los anillos mágicos, pero suele mentir; por su don de cambiar los metales en oro se le tiene a veces por el demonio de los alquimistas, y aclara la voz de los cantantes. La demonolatría moderna usa su nombre bíblico completo: Connolly invoca a Baalberith en sus ritos fúnebres como protector de las almas, con el enn “Avage secoré on ca Baalberith”.
El oro, las dignidades y la mentira
Los oficios de Berith son de los que más se desean: oro, rango y conocimiento del tiempo. Por eso la advertencia del grimorio no es un detalle: el demonio que promete oro y dignidades es justo aquel del que el texto dice que es un gran mentiroso. Es de los pocos de la Goetia que llevan un aviso así —Furfur, por ejemplo, nunca dice la verdad si no se le obliga o se le hace entrar en el triángulo—, y la combinación es la lección: donde más se desea, más fácil es dejarse engañar.
La voz clara y sutil completa el retrato. Berith no seduce con estruendo: habla bien, con precisión, y por eso convence. El soldado rojo con corona de oro es la imagen de la riqueza armada, del rango que se impone, y su mentira no es torpe sino elegante. Quien trabaja con él tiene que saber escuchar la voz y desconfiar del brillo.
Qué no es Berith
No es Beleth, aunque compartan el anillo y casi el nombre: Beleth es un rey terrible sobre un caballo pálido, con música delante; Berith, un duque rojo sobre un caballo rojo. No es un dios del oro para pedir dinero rápido: el grimorio lo marca como mentiroso precisamente para quien llega con esa prisa. Y no es simplemente el Baal-berit de la Biblia: el duque goético toma el nombre, pero su retrato —soldado, caballo, corona, alquimia— es obra de los grimorios.
Tampoco conviene fiarse de los títulos y oficios que algunas listas modernas le añaden sin decir de dónde salen. Lo que está en las fuentes es lo dicho aquí: la Goetia, Weyer, Collin de Plancy, el libro de los Jueces y el uso que la demonolatría hace de Baalberith. Lo demás, mientras no tenga fuente, es relleno.
Cómo se le trata en el rito y su lugar frente al demonio interior
Se le trata como duque: sello en cobre o trazado a mano, hora de la mañana con cielo despejado y el anillo de plata en el dedo medio de la izquierda, como con Beleth. Vela, ofrenda y un motivo escrito en una línea que nombre qué se quiere transmutar o qué dignidad se busca, y por qué. El goeta lo conjura con todo el protocolo y contrasta cada respuesta, porque el texto lo da por mentiroso; el demonólatra que lo honra como Baalberith lo recibe con su enn. El cierre es obligado: un soldado rojo sin licencia se queda en la casa.
Berith enseña que el oro y el rango sin presencia propia son la forma más elegante de perderse. El demonio interior —nombre, sigilo, enn y juramento— es la piedra de toque que distingue el oro del brillo: quien sabe quién es no se deja comprar por lo que le prometen. La La Guía Definitiva del Demonio Interior — Edición Grimorio Completa ordena ese trabajo para que, cuando un duque rojo te ofrezca transmutar tu vida, sepas qué parte es oro y qué parte es voz sutil.
BERITH: El duque rojo que convierte metales en oro
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